Para Lourdes Batista no hay distinción entre el afecto y la belleza. Para ella es bello todo cuanto emana del sentimiento puro y es coherente con esa pureza que unida a los elementos imaginarios se sensibilizan en la común esencia de lo terrestre y lo celestial. También es particular en su mundo poético el sentimiento de soledad que le permite a ella meditar sobre sí misma y ampliar su propio espectro creativo, sentimental y humano. Ella se da entera en cada palabra, en cada gesto, como se da la semilla a la tierra que la fecunda; y su entusiasmo por la vida es palpable en la deliberación y en el silencio.
En el poema “Crossing 365” nos dice la poeta:
Apariencia, dolor, muerte, soledad…
en abismal oscuridad se debate mi alma moribunda de
esperanza…
En nuestra poeta son evidentes los motivos fundamentales de su sensibilidad ante el dolor y el placer sin los cuales no se entendería la dinámica existencial que conecta su palabra con el mundo crudo y desnudo.
En el extremo margen de lo posible, los poemas de este libro, constituyen un horizonte marginal especifico dentro de una órbita lírica inmediata que para Lourdes Batista significa más que un derroche de sentimientos, pasiones, desvelos y energías ordenadas por mandato de sus impulsos o bien por mandato de su conciencia más definida y ardiente, porque en ella arden los elementos paradojales, las metáforas que de un momento a otro realizan un encuentro maravilloso con ese mundo en desorden que nuestra poeta sutilmente convoca, invoca o hechiza para darle un aspecto más noble.
No hablaré de las limitaciones que en todo momento y en todo caso son afecciones de las palabras mismas, pues toda palabra, indudablemente está limitada por su significado mas adyacente, burdo y sofocante que gracias a la imaginación poética el poeta (y en este caso Lourdes Batista), la saca de ese límite al asociar un sentido con otro, dando espacio a complejos compuestos eminentemente puros, definitivamente sensuales y sensitivos, abriendo y cerrando como en un juego de sorpresas, el dulce abanico de sus afectos y efectos, siendo el hilo conductor de todos ellos su magistral encanto para expresar con palabras llanas y armoniosas sus querellas contra la sociedad machista, por un lado, o desafiando a pleno pulmón a pleno copular a solas o a
distancias con los entes imaginarios que su palabra reclama con dolor y con júbilo, con desbordado afán connotativo, con abierto margen simbólico de su manera de expresar y de sentir el amor desde esa soledad que se desplaza como en una cama voladora por los espacios inventados con especifica claridad de tono: a nuestra poeta no la seduce el aire sino al revés, ella es quien seduce por medio de sus sentidos, todo cuanto percibe o modifica al momento: su visión del amor y de la vida es instantánea e, incluso mágica, pues no deja de acentuar su desdoblarse en todas esas otras mujeres (bellas como ella) en menudos lados de pasión marginal (como debe ser toda pasión deliberadamente poética, intencionalmente fuera de lo convencional, amar mientras comemos, mientras dormimos, mientras hablamos con los demás en una esquina o en un autobús, porque dialogar es una manera de copular
completamente libre y divertida... Hablar es desdoblarse, como se desdobla Lourdes al fusionarse con el amado en un solo cuerpo hasta que ese cuerpo desaparece de entre sus dedos mojados. ¿No es eso amigos deliciosamente imprevisto dentro de la poética actual de hombres y mujeres? Lo es, independientemente de nuestras propias vías para acceder y procesar e incluso rastrear lo poético en el texto.
Los invito a leer estos poemas con el esmero y la pasión con que fueron escritos por su autora, nuestra poetisa Lourdes Batista. Gracias.


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