Sunday, December 18, 2011

Ítaca

Constantino Kavafis foto cortesia de google

                                             

Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Posidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Posidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.
Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.
Acude a muchas ciudades del Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.
No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ellas, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.

Mulata, poema de Nicolás Guillén

Nicolas Guillen foto cortesia de Cubafiesta.net     

Ya yo me enteré, mulata,
mulata, ya sé que dise
que yo tengo la narise
como nudo de cobbata.

Y fíjate bien que tú
no ere tan adelantá,
poqque tu boca é bien grande,
y tu pasa, colorá.

Tanto tren con tu cueppo,
tanto tren;
tanto tren con tu boca,
tanto tren;
tanto tren con tu sojo,
tanto tren.

Si tú supiera, mulata,
la veddá;
¡que yo con mi negra tengo,
y no te quiero pa na!

Tuesday, December 6, 2011

Fábula del hombre muerto


José Alejandro Peña



Un ángel y la luz borran la vida.

Debajo de las escaleras y por encima del cielo

todo marcha sin tiempo hacia un presentimiento

espeluznante de guitarra indecisa.

Hay una fábula en cada gota de lluvia suspendida

Una mitad del mundo se hunde en la mitad de un minuto.

una mirada se une a la mirada que la mira

como una voz que se repite al escucharse.

Son demasiado puros los destinos del hombre

que se busca en los lugares de los que  ya ha partido.


  (poema inédito)



Sunday, December 4, 2011

Freddy Gatón Arce: de la Palabra a la Frase.

Leopoldo Minaya
   Refería Coleridge que, a diferencia de la prosa, constituida por palabras en un orden indeterminado, la poesía se constituye de las mejores palabras en el mejor de los órdenes. Esta acotación inicial resulta insustituible al momento de introducir cualquier aproximación a la poesía de Freddy Gatón Arce, escritor exigentísimo en la utilización cuidadosa de palabras y frases, imágenes y efectos; en fin, de todo cuanto tiene que ver con la depurada enunciación del discurso poético.

   La poesía es un arte en el que cada palabra debe ocupar su lugar indispensable. Si nos atreviéramos a elaborar un postulado en torno a este hecho, nos veríamos forzados a decir: “Para cada poema desplegado en el tiempo existe un orden en la colocación de sus elementos, y sólo uno”. No hay forma posible de subvertir ese orden sin que nos tropecemos con la realidad de que la estructura –el poema- se ha convertido en otra distinta de la primera. Pero no vayamos demasiado lejos en estas consideraciones. Baste señalar el hermetismo de un arte que -paradoja singular de los designios- es a la vez el único que nos puede regalar la absoluta libertad expresiva; y baste señalar también la singularidad de cada palabra una vez dejada caer en su posición, desde donde irradiará toda suerte de influjos sobre las palabras circundantes y sobre el poema como obra total. En una idea: el poema es un Todo que no puede prescindir de ninguna de sus partes.

   No resulta difícil detectar, aun para el lector menos avezado en el arte de la poesía, el tratamiento de “gemas” que Freddy Gatón Arce dispensa a las palabras. En sus manos de artista no son otra cosa. No seamos tontos: lo sabe y las exhibe, y con sobrada razón, porque el acto de exhibición es connatural a las gemas. A manera de ejemplo pudiéramos seleccionar cualquiera de sus textos -libro o poema- y obtendríamos el mismo resultado; seleccionemos, por tanto, al azar, o bien “a suerte y verdad”, el poema Trece veces el Sur. En el fragmento uno se lee:

              Geománticos y políticos calculan trazos…

En el fragmento tres:

   …una fuerza que de la profundidad de la tierra/ sube, esplendece y se comba en azul postrero.

En el cinco:

           Oh soledades, secón de pobres y desventurados.

Y en el ocho:

        Volcado el firmamento, y planetas, satélites, limbos,/ semejan una sola girándula.

   Pero tampoco vayamos a equivocarnos. Esta exhibición de riqueza expresiva  no es nunca materia de ostentación o de simple afectación, que con tales recursos ningún autor podría convencer a nadie; no es asunto de acumulación mecánica y artificiosa de palabras altisonantes colocadas adrede para que nada signifiquen; muy por el contrario, se trata de la manifestación natural de una voz que, producto de su poderoso caudal, desemboca en una personalísima y arrolladora forma de expresión, totalizante e individualizante a la vez (filo de la paradoja), y que al dejar la huella de su marca selecciona con igual naturalidad los materiales que mejor se allegan al tono y al objeto de su canto.

   …Como si también en la estética operara un proceso de selección natural en la que los elementos en sus diferentes especies lucharan entre sí por la pervivencia en un mundo suprasensorio, y acaso constituyan el arrebato del artista. La voz del poeta cabal, en un proceso semiconsciente, sólo permitirá que los más calificados elementos retóricos conformen la estructura final de su poema. Este es el caso de Freddy Gatón, prototipo del poeta cabal, aquel que crea su orbe y lo evoluciona… de la misma manera natural en que, por vía de sacudimientos telúricos, transformaciones, cataclismos, continuo movimiento y erupciones, ha ido delineando el Globo su fisonomía particular. Que valga también esta nueva extrapolación.

   Ahora bien, la conexión entre palabra y palabra para formar la frase y el ulterior entramado general del texto poético deviene como resultado de la fuerza cohesiva del ritmo particular que gobierna cada uno de los compases del lirismo gatoniano. Partiendo del coro surrealista inicial, el ritmo se va depurando hasta transformarse significativamente  en un texto de intencional propensión arcaica, con aliento de lo eterno, como es “Son Guerras y Amores”:

…y así murió una niña
De señas, familiares y vecinos ignorados, y habiendo
Que llamarla de algún modo para cumplir con los papeles
De defunción y no tener huesa della, le pusieron
María Mundo, virgen y símbolo de orfandad y fosa común.

…Y dar un vuelco enceguecedor en las aguas de “El Poniente” (cito de memoria, pues no tengo conmigo el texto):

   La noche, su infinito muro azul
descendiendo sobre la tierra
anuncia el esplendor de las estrellas,
y tú amas
y eres amada;
tú amas, viento o mujer de zumbante pelo,
tú amas,
Oh, muchacha de ígnea condición como la mía!

   Lirismo distintivo;  dijimos: particular, y tanto, que no veo otra figura de la lírica vernácula o universal que haya jamás repetido semejantes acordes.
©Leopoldo Minaya                                               

Friday, December 2, 2011

Sobre el arte de un escritor, Eduardo Galeano


Eduardo Galeano
El mío ha sido un largo camino hacia el desnudamiento de la palabra: desde las primeras tentativas de escribir, cuando era jovencito en una prosa abigarrada, llena de palabras que hoy me dan vergüenza, hasta llegar a un lenguaje que yo quisiera que fuera cada vez más claro, sencillo, y por lo tanto más complejo, porque la sencillez es la hija de una complejidad de creación que no se nota ni tiene que notarse. Uno siente primero que el trabajo intelectual consiste en hacer complejo lo simple, y después uno descubre que el trabajo intelectual consiste en hacer simple lo complejo. Y un caso de simplificación no es una tarea de embobamiento, no se trata de simplificar para rebajar de nivel intelectual, ni para negar la complejidad de la vida y de la literatura como expresión de la vida. Por el contrario, se trata de lograr un lenguaje que sea capaz de transmitir electricidad de vida suprimiendo todo lo que no sea digno de existencia.
Para mí siempre ha sido fundamental la lección del maestro Juan Carlos Onetti, un gran escritor uruguayo muerto hace poco, que me guió los primeros pasos.
Siempre me decía: "Vos acordate aquello que decían los chinos (yo creo que los chinos no decían eso, pero el viejo se lo había inventado para darle prestigio a lo que decía); las únicas palabras que merecen existir son las palabras mejores que el silencio". Entonces cuando escribo me voy preguntando: ¿estas palabras son mejores que el silencio?, ¿merecen existir realmente?
Hago una versión, dos o tres, quince, veinte versiones, cada vez más cortas, más apretadas: edición corregida y disminuida.
Inflación palabraria El problema de la inflación monetaria en América Latina es muy grave, pero la inflación palabraria es tan grave como la monetaria o peor; hay un exceso de circulante atroz. Algunos países han tenido éxito en la lucha contra la inflación monetaria pero la inflación palabraria sigue ahí, tan campante. Lo que me gustaría, modestamente, es ayudar un poquito a esa lucha contra la inflación palabraria. O sea, poder ir desnudando el lenguaje. Es el resultado de un gran esfuerzo, y no concluido, porque nace cada vez: a mí me cuesta escribir ahora tanto como cuando tenía 15 ó 16 años y lloraba ante la hoja de papel en blanco porque no podía.

¿Función social?

La literatura tiene siempre una función, aunque no sepa que la tiene, y aunque no quiera tenerla. A mí me hacen gracia los escritores que dicen que la literatura no tiene ninguna función social. A partir del momento que alguien escribe y publica está realizando una función social, porque se publica para otros. Si no, es bastante simple: yo escribo en un sobre y lo mando a mi propia casa, pongo "Cartas de amor a mí mismo" y me emociono al recibirlas. Pero es un círculo masturbatorio (no quiero hablar mal de la masturbación, tiene sus ventajas, pero el amor es mejor porque se conoce gente, como decía el viejo chiste).
Es imposible imaginar una literatura que no cumpla una función social. A veces la cumple, y es jodido, en un sentido adormecedor, a veces es una literatura del fatalismo, de la resignación, que te invita a aceptar la realidad en lugar de cambiarla, pero a veces es una literatura reveladora, reveladora de las mil y una caras escondidas de una realidad que es siempre más deslumbrante de lo que uno suponía. Por otro lado me parece que lo de la literatura social es una redundancia porque toda literatura es social. Muchas veces una buena novela de amor es más reveladora y ayuda más a la gente a saber quién es, de dónde viene y a dónde puede llegar, que una mala novela de huelgas. No comparto el criterio de una literatura política que además, en general, es aburridísima.
 Foto cortesia last.fm y texto de www.ciudadseva.com

Ovalinne: su nombre me lo dictó un ángel

Llevaba unos dos meses de embarazada, cuando una noche tuve un sueño hermoso. Soné con una mujer preciosa, de pelo negro tan o más negro que una noche sin luna; la piel más blanca que la leche y unos ojos dulces como la miel. Vestía un traje largo, color olas del mar y que se movía al vaivén del viento.  Me dijo: "Mira, estás embarazada de una niña. Su nombre es Ovalinna, que significa que es un ser evolucionado”.
Al despertar, estaba feliz, recordé el sueño y supe que esa era la razón, pues ya tenía un varoncito de 5 años y mi mayor anhelo era tener una hembrita. Mi esposo no tenía predilección con el asunto del sexo. Una tía suya, que lo quería como su madre, ya tenía una lista de nombres para la criatura. Ella quería una niñita, pues no pudo tener hijos y su hermana había tenido, incluyendo al padre de mi niña, sólo varones. Ese día le dije a mi esposo:
—Lo siento, pero no podremos complacer a tu tía con el asunto del nombre de la niña.
—¿Por qué? ¿Y cómo sabes ya que es una niña? —preguntó él. Le conté el sueño:
—Es que mi ángel de la guarda que se me apareció y me dio el nombre. Ya sé que será una hembrita y su nombre será Ovalinna.
Luego lo modifiqué un poquito y cambié la a final por e.
Cuando tenía unos cinco meses de embarazo me hicieron mi primer sonograma y me confirmaron que esperaba ¡una niña!
Fue un embarazo normal. Adquirí unas 50 libras, pues me di a la manía de comer emparedados franceses de una tienda que vende café, emparedados y rosquillas de manteca. Los emparedados los preparan rellenos de jamón, queso y huevos. Me comía entre 3 y 4 de un tirón... Recuerdo un altercado que aconteció con mi hermanita Isabel, que en ese momento contaba con unos 17 años. Mi compañero estaba de viaje y no teníamos carro en la casa. Le pedí a mi hermana que fuera a la tienda a comprarme mis emparedados franceses rellenos de queso, jamón y huevo. Ese pan suavecito, calentito, era un manjar para mis sentidos y para los de Ovalinne, pues se ponía de lo más contenta, lo sabía por las pataditas de confirmación que recibía cuando degustaba yo estos alimentos.

Resulta que mandé a comprar tres croissant, pero Isabel se comió uno sin mi autorización. Yo estaba contando (me imagino que Ovalinne también) con los tres emparedados, y cuando vi que sólo habían dos, me puse furiosa, los tiré al piso, hice una rabieta y terminé llorando como una Magdalena... Al final no me comí los emparedados franceses...
Mi segundo pleito famoso, mientras llevaba a Ovalinne conmigo, fue con la doctora que me atendía. Había tenido a mi primer hijo en mi natal país, República Dominicana y había sido por cesárea.
Me daban los cuidados prenatales en la maternidad de Providence, Rhode Island, donde nacería mi niña. La doctorcita que me atendía quería que yo intentara pujar a mi hija. Llamé a mi doctor en Santo Domingo, un eminente ginecólogo-obstetra y además amigo de la familia, el cual me había asistido cuando nació mi primer hijo y le conté lo que pretendía  la doctorcita  aquí. Él me dijo:
—Esos gringos no saben nada, sólo saben manejar una computadora, no le firmes ningún documento y que te hagan cesárea, ya que tienes la pelvis muy estrecha y tu primer hijo pesó un poco más de 8 libras, tu segundo hijo será más grande y pueden poner en riesgo tu vida y la de tu hija.
Con este mandato me dirigí a la doctorcita y le dije:
—Yo no puedo pujar, mi hija nacerá por cesárea. —Ella empezó a explicarme los riesgos de una cesárea y los beneficios de un parto natural.
—No, mi hija no correrá ningún riesgo, no lo intentaré siquiera. —Ella se alteró, yo también. Al final aceptó mis argumentos y me hicieron firmar toneladas de documentos; no pude evitarlo. Si a la niña o a mí nos ocurría una desgracia yo eximía de toda culpa al hospital y al personal de salud. No sé si fue ella ave de mal agüero, lo cierto es que después de nacer la niña estuve tres días en cuidados intensivos, y por poco muero en el intento.
La doctorcita fijó la fecha de la cesárea ese mismo día, para el 21 de noviembre. Y estábamos apenas a 10, pero a Ovalinne le cogió con querer salir ese día. Me marché a la casa. Pasadas unas dos horas, comencé a sentir un dolorcito, que luego fue creciendo, creciendo y creciendo, hasta el punto de enviarme para la maternidad.
Al llegar al hospital llamaron a la doctorcita. Esta encontró la oportunidad que esperaba para vengarse de mí por el altercado que habíamos tenido en la mañana.
—Oh, fijamos tu cesárea para el 21 esta mañana ¿recuerdas”?
—Sí, pero me están pasando contracciones.
—No es nada, vete a la casa, no tienes centímetros considerables.
Me fui a la casa. Eso se repitió varias veces; mis pies ya conocían el camino al hospital solitos… Durante 11 días estuve padeciendo contracciones, a veces fuertes, pero siempre la misma negativa. Fue un calvario lo que viví hasta que llegó el ansiado día de la cesárea.
Mi esposo le tenía miedo a la sangre, y yo no lo sabía. Había firmado para que él estuviera presente en la cesárea. Ese día me acompañó al hospital junto a mi hermanita Isabel, la misma del pleito por el emparedado francés. Le dije a mi esposo con una voz suavecita y melosa:
—Honey, vendrás a la sala de cirugía conmigo, ¿verdad"? —Él me miró como a un bicho raro y me dijo:
—Yo me desmayo si veo sangre.
—¿Cómo? ¿Qué? Pero, yo creía..., yo pensaba… —balbuceé. Rápidamente Isabel acotó: ——Yo encantada voy contigo hermanita, para mí sería un placer ver nacer a mi sobrinita, ah, y no le tengo miedo a la sangre. —Triste suspiré.
—Habla con los médicos para ver si te pueden dejar entrar a ti.
Los médicos dijeron que no había ningún problema. Le buscaron un traje especial, guantes, máscara y gorro para cubrirse el pelo. Recuerdo a un doctor oriental sentado a mi derecha e Isabel a mi izquierda. El oriental era el anestesiólogo, y empezó a explicarme el procedimiento a seguir, lo que sentiría, etc. Me durmieron de la cintura hasta los pies; estaba medio despierta, y el oriental me hacía preguntas que apenas podía responder. Estaba medio dormida cuando Isabel exclamó:
—¡Ya la van a sacar! —Haciendo caso omiso de las instrucciones, se paró de la banqueta donde le habían indicado debía permanecer sentada. Se acercó para ver cómo sacaban a la Ovalinne del escondite donde había permanecido durante 9 largos meses y 11 dolorosos días  para mí.
Al sacar a la niña, Isabel estaba tan emocionada que siguió a los médicos hasta un lugar en la misma habitación, donde se la entregaron a otro médico, el pediatra y este le dio una nalgada a la niña. Ella no gritaba. Repitieron el procedimiento y Ovalinne gritó con todas sus fuerzas esta palabra mágica:
—¡Mamaaaaaaaaa!
Los médicos, asombrados, empezaron a hablar unos con otros.
—¿Escucharon eso? La niña dijo Mamaaaaaaaa.
Esa frase murió en mi memoria; durante mucho tiempo pensé lo había soñado.  Cuando la niña tenía dos meses nos mudamos de Providence para New York y la distancia y el tiempo me separaron de mi hermana, hasta hace un par de años cuando Isabel vino a acompañarnos en una cena de Acción de Gracias. Ovalinne tenía unos 14 años y ella le comentó:
—Muchachita habladora.
Ovalinne se ha caracterizado por hablar poco.
—¿Por qué dices eso? —pregunté a mi hermana y me dijo:
—¿No recuerdas que Ovalinne habló el día que nació?
—¿Cómo así? —me sorprendí.
—Ella te llamó, cuando le dieron la segunda nalgada, pues a la primera no gritó, y cuando le dieron la otra nalgada ella gritó: “Mamaaaaaaaaa”.
—¡Yo pensaba que había sido un sueño!
No, fue cierto, ocurrió, yo soy testigo de que esta niña habló al nacer.
Ovalinne cumplirá el próximo 21 de noviembre sus 16 abriles. Es una personita muy especial de quien me siento muy orgullosa. Ella es amada por todo aquel que la conoce; es una niña extremadamente sensible, dulce, cariñosa con los niños y los animales, a quienes ama de una forma avasalladora. Definitivamente ¡Ovalinne es un ser evolucionado!

Thursday, December 1, 2011

Tierra fértil



Mi hombre es sublime
De ideas grandes y brazos firmes
De tierra de surcos,
De buena estirpe

Mi hombre es guerrero,  raza  valiente
Mi hombre es ámbar de roca firme
Mi hombre es sexo de gran deleite

Mi hombre es de ensueños
Mi hombre es pensamiento justo
Mi hombre es verso, poesía veraz

Mi hombre  tierra fecunda
De  agua dulce donde los peces
Viven sin miedo de morir verde

Mi hombre  piel de horizonte que diseña  el día
Mi hombre  dedos de dioses,  creadores de vida
Mi hombre de lengua suave, palabras  blancas

Mi hombre  es un niño al nacer el día
Mi hombre es sol, mi hombre  es Luna
Mi hombre es negro, mi hombre es fértil como la  tierra…

Monday, November 28, 2011

EROTISMO y Plural Unicidad en Lourdes Batista, por Leopoldo Minaya


Por Leopoldo Minaya

No tanto a los dioses -a veces, por lo demás, esquivos al enfrontar su etérea sexualidad- sino a los hombres, que la llevan a cuestas demostrada en el hecho innegable de las generaciones, cabría preguntar si esa sugestión natural (esa “tendencia cósmica”) por el goce y el deleite, la sublimación y la perpetuidad, no constituye también, en esencia íntima, una inteligencia, una audacia, un instinto sapiencial.

¿Qué códigos secretos se hilvanan, qué oscuros símbolos, para mantener la especie humana sobre la Tierra, oscilando abiertamente entre la nuda sobrevivencia y la felicidad? ¿Cuál es el cometido de las formas, que incitan y arrastran y erotizan? ¿Y cuál el papel final del movimiento, que imprime a dichas formas armonía y variedad? Un desliz, un ángulo, un girar, un guiño… Planicies poderosas, protuberancias móviles; contracciones involuntarias, voluntarias poses: emblemas de eternidad, como la serpiente que se come su cola en las antiguas heráldicas.

¿De dónde arranca el poder fálico, y quién determina el diagrama en que desemboca?

“En la soledad de mi cama”, el primer libro de la poeta dominicana Lourdes Batista, es una incursión en el terreno prohibido, regado desde la antigüedad con aportes como el papiro de Turín, las disquisiciones de Luciano y las recomendaciones de Ovidio, entre otros. La obra, contenida en treinta poemas, desliza su trayectoria entre el contenido sugerido o fehacientemente sensual, la preocupación social y la especulación estética o existencial. Ejemplo de lo primero es esta declaración concluyente en la primera pieza (titulada, intencionalmente, “Piezas” para demostrar un desmembramiento en que cada parte del cuerpo actúa por cuenta propia hacia una salida necesaria):

“Mi sexo que me guía hacia la divinidad absoluta,
me purifica, me encuentra y me coloca en el push-fit.”

…donde esta expresión inglesa, “push-fit”, denota el carácter trasnacional de la escritora, y a la vez alude a piezas de ensamble y desensamble que figuran la descripción visual o físico-mecánica de los órganos sexuales en el acto carnal.

Toda literatura es testimonio de su tiempo. Las censuras y prohibiciones a que el sexo -como realidad y como mito- se ha sometido desde siempre… ceden significativamente en los umbrales del Siglo XXI en una sociedad total permeada por la tecnología y las demandas de liberación, de participación y de igualdad. El auge del tema erótico, aunque a veces raye en el sensacionalismo, es una muestra. Pero todavía vivimos tiempos foscos. Una mirada ecuánime al punto de evolución de las civilizaciones nos revelaría lo que llamamos “modernidad” en un estado de sorprendente atraso en cuanto a justicia social y preferencias individuales, pero llegará la era u hora (parece más temprano que tarde) en que el cuerpo y sus naturales apetencias no serán vistos como motivo de vergüenza, inhibición o introspección, y se afirme la condición humana en su diversidad originaria, sin que tenga que callarse o esconderse.

Los motivos y temas que se derivan del erotismo y la sexualidad se encuentran, no obstante, regidos por criterios estéticos (siempre muy distintos de las opiniones y convenciones sociales) en la misma forma o manera en que participan los temas generales del arte y la literatura. Cuando se tocan con el genio y el talento, trascienden; cuando se abordan con tosquedad o impericia, se marchitan. Nosotros apostamos por la realización de un arte transparente que nos conmueva el ánima y alumbre nuestros corazones.

Notemos la forma delicada en que nuestra poeta Lourdes Batista comunica una solitaria dualidad, una aspiración del otro que se consuma en el “yo”:

Llegamos los dos a un camino sin salida.
Mi sexo te reclama, estoy perdida…
Te busco, no encuentro nada.
Sólo puedo ver mis manos vacías….

Y de qué manera indómita asume en los siguientes fragmentos su propia liberación, que es la liberación simbólica de las de su género:

Hoy estaré arriba, tendré un
orgasmo, encontraré mi punto
G, orinaré de pie...
Hoy seré auténtica, no miraré
al qué dirán, hoy viviré mi
vida.... Hoy existiré...

En “Efluvios”, Lourdes Batista, alcanza la plenitud de su expresión, momento de magia y sutileza: el relato poético desenreda un caudal vívido de sugerencias profundas y casi pueden tocarse el claror lunar y la cosmogónica substanciación:

Te poseí en una noche solitaria
donde solo me acompañaban los recuerdos .
Desterré tus temores,
esos que habitaban en la profundidad de tu infancia.
Absorbí tu soledad con mi boca de Venus…

Recorrí tu cuerpo habitado por fantasmas,
derramaste en mí tus sueños ...

La ternura se plasmó en tu piel
escalando montañas
alejando las sombras…

Inhalé en perfecta armonía de acordes
los efluvios de tu alma.
Me convertí en tu camino,
en la ruta que andarás de mi mano ...

Y con estos poemas de la soledad de su cama, Lourdes Batista se lanza a conquistar su merecido espacio particular en las letras dominicanas.
Como si interrogara con sus versos a la mujer, al hombre; a ella misma, y a su hombre; como si elaborara con su canto una exclamación inmensa que abarcara todas las épocas y todas las civilizaciones en un destello inmemorial de puridad ontológica. Como si dijera a viva voz, pero con la ternura privativa de su acento: “Nínive, Babilonia, Sardes, Roma, reflejo inmenso de la telaraña, yo creo en la audacia de la carne… y creo en su inteligencia soterrada… “

Leopoldo Minaya
Nueva York, 28 de noviembre de 2011

Friday, November 18, 2011

Oración al hombre común



Tan Solo me Preocupa

que cuando me despida de mis días

para siempre

alguna huella quede.

Que me puedas nombrar sin poner caras feas

Que si hay alguna mueca sea solo de tristeza,

y si hay alguna sonrisa sea de satisfacción.

Que esa huella la pisen con sencillez y orgullo

los que tengan mi sangre

o el que por mi lloró.


Tan solo me preocupa

que cuando me despida de mis días agotados

y ya descanse en paz

no haber sido ventisca que pasa y nada mas

ni huracán indolente, arrogante y voraz.

Que yo haya sido brisa portadora de polen

que hayan nacido rosas de mi lento soplar.


Tan solo me preocupa

cuando no vuelva nunca

haber actuado solo de forma vertical,

sin importar mas nada que la conciencia

limpia

sin manchas en las manos

sin noches mal pasadas

sin ofensas a hermanos

sin sangre coagulada.


Poder escribir sola, donde nadie me vea

y sin tragar en seco la palabra: MORAL.

Que mi nombre no encuentre cuando yo

de la espalda

ni un indice terrible que lo pueda acusar.


Tan solo me preocupa

cuando me vaya un día

porque voy a irme un día, no se cuando

va a ser,

estar en paz conmigo, haber pagado deudas,

apretado mil manos

abrazado mil pechos que no se han corrompido,

cosechando sonrisas para dormir en paz.


Tan solo me preocupa

cuando la luz me falte,

que mi nombre sea un faro.

Que nadie me recuerde obstruyendo caminos,

hayan servido siempre para el vicio y el mal.


Tan solo me preocupa

Si me sorprende el viaje

no lamentar de nada cuando no pueda hablar

que mis labios se cierren cuando les de la gana

y en mi conciencia no haya nada que lamentar.



Por eso mejor pienso que voy muriendo a diario,

vivo creyendo siempre que este es mi día final,

Como el sol en la tarde,

como la lluvia clara,

como el carro que pasa, o la hoja que se cae,

como las mariposas o el perro de la calle,

o el niño o el mendigo que vienen siendo igual...

Quiero morirme a diario cual todas esas cosas

y por eso a diario vivo cual fuera el final.


Y vivo siendo huella y faro y niño y lluvia

y brisa y mariposa y mendigo, agua y sal, y sol y noche y bruma

y grito y llanto y cuna

y quiero ser de todas las que sirva a los demás.

Porque se que una tarde, de mano de la vida

caminaremos juntos sin mirar hacia atrás...

Y volverá la vida, convertida en rutina,

y de esa caminata no volveré jamas.


Hazme vivir a diario señor, pero sabiendo

que pueda se la ultima vez que estoy viviendo

y el el ultimo viento que voy a respirar...

Y a ti... Que te preocupa...?

Para que guardas tanto, si lo puedes usar

devolviendo esperanzas a madres abatidas

o tierras al campesino

o al obrero oprimido justicia y bienestar.


Y a ti... que te preocupa..?

Para que escondes tanto

si lo puedes usar preparando estudiantes

para nuestro futuro,

curando alguna llaga

curando el corazón

haciendo que a un enfermo llegue la cucharada,

que tiene que beberse y no puede encontrarla.

No importa la razón...


Has visto la mirada de los niños enfermos...?

Has estado enferma tu...?


Lo has podido curar...?

Te imaginas lo que causa el desespero

la importancia de un padre frente a su

gran verdad...?


Haz correr la sonrisa

no te la quedes sola

déjala caminar

que se te afloje el alma frente al alma

que aprieta...

Para que guardas tanto si nada llevaras...?


Que solo te preocupe

que el día que te vayas lo hagas con la sonrisa

que supiste ganar,

que tu único equipaje sea solo tu conciencia

y ojala no te pese y te puedas marchar.


Y a ti... que te preocupa...?


©Freddy Beras Goico

Saturday, October 22, 2011

Camarada

Camarada, no se asuste cuando le digo que le amo, cuando le digo que no puedo vivir sin usted, cuando le digo que usted es mi presente. Cuando sueno a desesperada, cuando parezco alienada.

No compañero no se asuste, que son desvaríos productos del delirio, ocasionados por la fiebre del amor, que como el cólera, ocasiona disturbios en la mente del que lo sufre.

Sigo siendo yo, alocada, divertida, independiente no co-dependiente, aunque me aten sus recuerdos, sigo siendo yo, aunque me dobleguen sus besos, sigo siendo yo, aunque me torture su sexo, sigo siendo yo, la misma chica repleta de sueños.

La mujer rota en mil pedazos que se reconstruye y retoma el vuelo y se levanta  y si fuera necesario le daría de beber de la cicuta.

©Lourdes Batista

Reafirmo


Que contigo mi presente se vuelve mágico
que deseo vivir mi vida y mi muerte contigo
que las cosas más insignificantes a tu lado
adquieren sentido....

Reafirmo que no acabo de aceptar los
absurdos de este mundo, de las ansias humanas
por el metal  y no las vidas
Porque pedir cordura en lugar de  un sueño
Porque pedir tiempo y no otorgarlo….

Reafirmo que te amo con perversa locura
 los ruidos que pueblan  el camino
se evaporan cuando escuchan tu voz
mis fálicos pensamientos caminan  
un sendero que  llevan a tu risa
mis ojos se pierden detrás de tu luz
en la pérfida noche
 y mi boca que no calla palabras
solo sabe de  ti…

Reafirmo que el miedo se transforma en valentía
cuando  en tus brazos descanso
Y reafirmo que con tu amor la miseria
se convierte en  milagro…

©Lourdes Batista

Monday, September 12, 2011

Efluvios

                                   Pintura de Basilio Cascella


Te poseí en una noche solitaria, 
donde solo me acompañaban los recuerdos
desterré tus temores
Esos que habitaban en la profundidad de tu infancia
Absorbí tu soledad con mi boca de Venus…

Recorrí tu cuerpo habitado por fantasmas
derramaste en mi tus sueños...  

La ternura se plasmó en tu piel
escalando montañas
alejando las sombras…

Inhalé en perfecta armonía de acordes
los efluvios de tu alma
Me convertí en tu camino,
en la ruta que andarás de mi mano..
©Lourdes Batista.

     


Thursday, September 1, 2011

A propósito del poema "Solo yo amé" de Lourdes Batista










A veces es bueno volver al pasado y rebuscar... ¡A veces encuentras cosas buenas en ese pasado! Como este ensayo que hiciera mi amigo venezolano José Rodríguez sobre mi poema inédito "Solo yo ame" Aquí lo traigo a consideración de ustedes.


Hoy me tropecé con un poema (raro en mí, dirían con ironía, quienes me conocen). En otras oportunidades, he hablado de cómo muchas veces recurro a esos seres maravillosos a quienes llamamos poetas, para entablar un diálogo con ellos y así encontrar ayuda para, en algunos casos, mitigar alguna pena, para contarles de mis éxitos, de mis alegrías*. Pero, con respecto al poema con el que me tropecé esta mañana, confieso que su lectura la había estado postergando hasta tanto pudiera encontrar el tiempo y el lugar adecuados, pues considero que hacer algún comentario acerca del mismo, es como caminar sobre un campo minado.

En primer lugar, no soy crítico literario, profesión que, por demás, me causa tanto escozor como el producido por el sarpullido. Soy del mismo pensar de Byron: “Más bien… Busca rosas en diciembre o hielo en junio; espera encontrar constancia en el viento o grano en la paja; cree en una mujer o en un epitafio, o en cualquier otra cosa que sea falsa, pero no te fíes de los críticos.” En segundo término, soy amigo de su autora, lo cual me pone la piel de gallina, pues imagínense si llegase a escribir algo inconveniente, de seguro que todos los sicarios del área de Long Island estarían haciendo cola a las puertas de mi casa para hacerme pasar el páramo en escarpines.


Es mucho lo que se ha escrito acerca de la especificidad del discurso poético, no es el propósito de esta nota escribir un tratado acerca de este género literario desde Aristóteles hasta la poesía contemporánea, tan sólo me limitaré a hacer unas muy pocas referencias en cuanto a algunas características peculiares del discurso poético que utilizaré a manera de refuerzo para mis apreciaciones, con la promesa de que no plagaré la nota con las referencias bibliográficas, pues en esta oportunidad escribo para entretener, no para hacerme ver como un erudito.


A manera de introducción, permítanme hacer unas pequeñas consideraciones acerca del discurso poético.


En primer lugar, el poeta al realizar su acto de comunicación, lo hace en base a unos cuantos presupuestos, el más importante, tal vez, lo es el hecho de que escribe para un lector, alguien pudiera reclamarme que esta es una verdad de Perogrullo, tal vez le asista el derecho, pero es una de las reglas del pacto literario. De igual forma, cualquiera pudiera quejarse de uno de los aforismos más cerrados que se encuentran en las leyes de todos los países, “La ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento”, sin embargo, es uno de los principios legales heredados del derecho romano que no permite ninguna objeción.


El poeta se convierte entonces en el generador de un mensaje ficcionario con el propósito de que alguien lea su poema. En cuanto a este presupuesto siempre he pensado que el poeta juega con ventaja al manejar, tanto el código como los signos empleados en su acto comunicacional. ¿Por qué digo esto?, pues por la sencilla razón de que es él quien escoge las estrategias a la hora de escribir su poema, y si no, pregutémonos ¿por qué casi nunca conocemos el contexto en que fue escrito el poema? Es el autor quien escoge los elementos retóricos para hacer su enunciado.


Otro de los presupuestos en que se basa el poeta al escribir, lo constituye el hecho de que hay una condición sine quanon de que el lector acepta el pacto de lectura propuesto por el poeta.


Sin ánimo de querer constituirme en un teórico de la comunicación quiero hacer una observación al esquema planteado por Jakobson para explicar las funciones del lenguaje en el proceso de la comunicación, en el que en primera instancia coloca al emisor del mensaje, que en nuestro caso sería el poeta. Pienso que en el discurso poético este esquema sufre una variación, pues el emisor (poeta) experimenta una especie de simbiosis con el mensaje, y ambos, fusionados en un sólo ser, nos comparten sus vivencias. Y esto es lo peculiar, lo especial, lo mágico del discurso poético, pues el poeta se transporta a sí mismo, o se proyecta a sí mismo hacia un mundo de su imaginación, un mundo que él es libre de construir tan diferente de nuestro mundo como le plazca. Por ello, como alguna vez McLuhan dijo “el medio es el mensaje”, yo me atrevo a sentenciar que en la poesía “el poeta es el mensaje”. Esta cualidad de la poesía no sólo actúa de manera mágica en el autor, también trasciende hasta la individualidad del receptor (lector) quien atrapado penetra al mundo del poeta, pues se han satisfecho ciertas condiciones de propiedad; como si fueran unas energías telúricas emanadas del mismísimo centro de la tierra, cada palabra, cada verso te hace sentir como que te has apropiado de las vivencias, que en su diálogo contigo, te ha contado el autor.


Todos, cuando digo todos, quiero abarcar a toda la humanidad, vivimos en un mundo sujeto a muchas convenciones, lo que hace que en lugar de vivir, solo existamos, solo ocupemos un lugar en nuestra familia, en nuestra pareja, en nuestro trabajo, en nuestra comunidad.


Afortunadamente nuestro creador, por su misma naturaleza, al ver que su creación llegaría a convertirse en algo parecido a un autómata, dotó a algunos hombres y mujeres con la sensibilidad suficiente para que con sus creaciones provenientes de su intuición, como diría Benedetto Croce al referirse a las obras de arte, impresionaran nuestros sentidos de tal manera que mudos, exclamemos para nuestros adentros ¡Oh cuanta belleza!, y por un momento nuestros estados de ánimo experimenten cambios favorables.


Las manifestaciones artísticas son variadas, pero mayormente nos vemos atraídos por aquellas que tienen que ver con las palabras, pues las palabras son los elementos que usamos para manifestar lo que hay en nuestro ser. Nosotros, a cada momento necesitamos expresar nuestras necesidades más profundas, especialmente cuando nuestro mundo, nuestro entorno se ve afectado de tal manera que se precisa que hagamos grandes esfuerzos para restablecer el equilibrio que habíamos perdido.



Octavio Paz nos dice:



“La palabra es el hombre mismo.


Sin ellas, es inasible.


El hombre es un ser de palabras.”



Cuando decía que hoy me había tropezado con un poema, lo decía de manera literal, hoy pensaba escribir de esos lugares maravillosos como lo son los puertos, pero a la verdad, Urania, se empeñó en que hoy no me inspiraría para eso. Un poco mosqueado empecé a revisar las notas que tengo archivadas, y entre ellas me encuentro con este poema, sentí la voz de su autora al llamarme por mi nombre, y me decía “¿Por qué no lees este poema?” “No me digas que te sientes cortado ante sus versos”. Honestamente, no, -le contesté.


-Lo que ha ocurrido, es que he querido leerlo con calma. Como hago con casi todos los poemas a los que considero “interesantes”. Si su autora supiera la concepción que tengo del calificativo interesante”, de seguro que me lanzaría a la cabeza, cualquier cosa que tuviera en sus manos, ya que siempre he considerado que cuando alguien dice: “Ah. Sí. Me pareció interesante”, No está diciendo nada, es una expresión no comprometida”. Me explico, no se está diciendo nada, no se dice si es bueno, si es malo, ni siquiera regular o aceptable, sólo se está diciendo“es interesante”.


Entremos, pues, a la lectura del poema. Como dije en párrafos anteriores, en el discurso poético “el autor es el mensaje”, y este poema es un claro ejemplo de esta afirmación. Su autora, ataviada con un bello conjunto de 2 piezas, en blanco a rayas negras, que dejaba ver el inicio de la perfecta arquitectura de las torres gemelas; al cuello colgada una pajarita de un color parecido al vinotinto, sus lentes y un peinado, por lo demás exquisito, que en todo su esplendor ofrecía una imagen muy elegante y muy sexy a la vez, (lo de sexy es un eufemismo por callar el vocablo que quería escaparse de mi intelecto, ¿cuál? se preguntarán, pues con el mayor de los respetos para con ella y para con ustedes, “sensual”) hizo su entrada a mi biblioteca con una personalidad que intimidaba al “más pintao”. Con un timbre de voz, demasiado grave para una mujer, me saca del ensimismamiento en que me encontraba, pues oía “Moonlight Serenade” interpretada por el brasileño Eumir Deodato, y les acoto que aunque me gusta la versión de Glenn Miller, la cual oigo cuando me siento retro, considero que la versión de Deodato es como más completa, con más brío, y de verdad que me transmite la sensación de que alegremente camino por la playa de una isla paradisíaca tomado de la mano de mi compañera, y a lo lejos, después de un cocotal, se distingue una especie de bungalow, el cual se ve iluminado, mientras se escuchan las notas de esta melodía que nos invitan a que entremos y nos dejemos envolver por su magia al bailar al compás de la música. Bien, después de su entrada, la autora me dice que viene a platicar conmigo, que desde hace algún tiempo quería hablarme de una de sus vivencias.


Ante tan magnífico ejemplar de mujer, no me quedó otra cosa que hacer, sino levantarme de la silla en que me encontraba, y titubeando la invité a tomar asiento en un mueble sofá que utilizo para sentarme a imaginar y a soñar situaciones de las que en alguna oportunidad escribo. Moviendo muy sinuosamente sus caderas, y despidiendo un aroma muy penetrante, pero agradable, un olor que de sólo una mujer como esa podría emanar, era como un efluvio que olía a mujer, a femineidad, a hembra, que se apoderó de toda la superficie del salón en que nos encontrábamos y de todos mis sentidos. Ya sentada, me observó y con un leve movimiento de su mentón me insinuó, no, que insinuar ni que nada, me ordenó que me sentara a su lado. Hay veces que he llegado a pensar si en otra vida no fui el perro de Pávlov, al que en una variación del experimento del reflejo condicional, en lugar de utilizar comida, utilizaron la presencia de una mujer hermosa, y, al toparme con una comienzo a segregar un flujo de saliva en cantidades industriales. Esta vez, la saliva que tragaba no era líquida, era más bien sólida y como que me rasgaba la garganta al circular por ella. De veras que la emoción que sentía era algo más profunda que el miedo, era terror. Lo más lejos que me permitía el mueble, me senté a su lado, tuve que apretar con las dos manos muy fuertemente, primero los labios, luego la nariz, y por último los oídos, pues el corazón en loco ímpetu quería salírseme por cualquiera de las hendiduras de mi cara. Ella, me observaba detenidamente, se quitó los lentes, ¡Oh Dios! Los ojos más grandes y fulgurantes que haya podido ver jamás, se descubrieron ante mi mirada. Nunca me ha agradado la oscuridad, y siempre me gusta estar en espacios iluminados, pero lo que ocurrió en ese momento, fue increíble, de pronto toda la sala adquirió un resplandor como nunca antes había visto en la biblioteca.


Con voz pausada, y como dije antes, muy grave, me preguntó:


—¿Sabes quién soy? Moví la cabeza negativamente, pues no quería abrir los labios, ya que temía que por allí se me escapara el corazón.


—Soy la poesía, soy la inspiración del poeta, soy Érato, quien se materializa en cada poeta cuando éste se dispone a derramar su alma en sus poemas al escribirlos.


—¿Por qué no has leído el poema “Sólo yo amé”? -Inquirió.


—Lo he leído, pero he ido postergando su, lo que yo llamo,“lectura joseísta”.


—¿Cómo es esa lectura?


—Es una lectura parecida a la que llaman analítica. Es casi como la que hacen los que escriben ensayos sobre el análisis de los poemas, pero mi lectura es diferente, pues yo no hago ningún análisis estructural, ni estilístico, ni examino la estética del texto. Mi lectura es básicamente, lo que yo creo que me está comunicando el poeta en su escrito.


—Y ¿qué te dice la autora de este poema?

—Permíteme leerlo detenidamente.


Como si hubiese sido hipnotizado, no advertí nunca cuándo abandonó la biblioteca. Al igual que si despertara de un sopor provocado por algún narcótico, extrañado, noté que en lugar de estar sentado en el mueble sofá, estaba sentado en la silla de mi escritorio. ¿Sería un sueño? Pero, el olor de ella aún perduraba en la atmósfera. Busqué en la computadora el archivo donde había guardado el texto del poema, y comencé a leer.



Mi vagina llora


En un bosque de agitación deliciosa


cambalaches de besos


tanto di, tanto pedí y al final


descubrí que solo yo amé.



Mi sexo húmedo de mar


Repleto de caracolas


ofertado a un judas al


que le di guardar un sueño.


como Ariadna fui olvidada


te endiosé en mis versos


Te canté en mis poemas


trozos de alma virgen.



Solo fútiles palabras quedan


de aquel amor fortuito


Iniciaremos el viaje


al camino del olvido


yo con dolor veré que


nunca fuiste mío.


Y al final diré que yo amé sola



©Lourdes Batista



Después de haber leído y releído este poema, empecé a ver lo que su autora me decía, hago la salvedad, es lo que “yo” creo que me dice el poema, cualquiera puede encontrar otra interpretación.


Guardando las distancias, siempre he considerado los poemas, como una sinfonía musical, con sus movimientos habituales, allegro, andante en forma de sonata, andante en forma de scherzo para presentar variaciones del tema principal y el cuarto movimiento llamado finale en forma de scherzo. Estos movimientos son clásicos, pero algunos autores han agregado un quinto movimiento, convirtiéndose el cuarto movimiento en una sonata para introducir más variaciones del tema principal. El poema que nos ocupa podría decirse que es una sinfonía de cinco movimientos. He llegado a comparar algunos poemas con la Quinta Sinfonía de Bethoven, comparación muy apropiada para este poema. Se ha dicho que esta sinfonía comienza con un motivo muy característico de cuatro notas 'corto-corto-corto-largo' repetido dos veces. Dudo mucho que este "tatatataa" no haya sido escuchado en todos los rincones de todo el globo terráqueo. De la misma forma en “Sólo yo amé” existe un motivo musical que se oye a lo largo de todo el poema, este motivo se nos viene dado desde el mismo título Sólo yo amé. Sólo yo amé, suena como un grito desgarrador proveniente de un alma dolida, como el llanto de las lamentatrices que, según el profeta Jeremías, el Dios de Israel mandó a su pueblo a hacer venir lloronas para que sirvieran de testimonio ante la desolación que debía causar al pueblo judío la devastación de Judea.


El primer verso, escrito en el tiempo de Alfonsina Stormi, hubiera hecho que quien lo hubiera escrito padeciera los rigores del puritanismo que sufriera la autora de Ocre, pero no, la estética de la poesía contemporánea ha rebasado los límites del anacrónico fariseísmo y la mojigatería en las artes. La mujer a base de constancia y fervor ha ido conquistando espacios en un mundo, especialmente en el universo lingüístico de la poesía donde su presencia se ha visto subsumida en lo universal, mostrándose como un ente derivado de lo masculino. Gracias a esta circunstancia es que hoy día podemos leer de la mano de una mujer como nos dice, sin ningún vestigio de rubor en sus carnes, sin ningún empacho, la sentencia “Mi vagina llora”. La sentencia es clara. Nos dice que quien la hace es una mujer. Pues, no creo que alguien que se haya hecho el cambio de sexo, pueda decir que es poseedora de una vagina. Ahora bien, ¿es el órgano genital de su autora la que llora? No. Es ella quien llora, su alma, su femineidad y nos lo dice de manera concisa, pero a su vez, tan resonante que pareciera el redoble de un timbal, semejante al primer movimiento de la sinfonía “Los estados de la mente “de Aparicio-Barberan que después de la introducción de los clarinetes, súbitamente hacen la entrada los timbales. Mi vagina llora, no suena a lamento, es más bien la declaración de un estado anímico provocado por algún desafortunado hecho ocurrido en su vida. El verbo en presente indicativo expresa que el dolor causado, perdura en el ánimo de la poeta, tal vez, porque ella en estos momentos está haciendo un inventario de los bienes que le ha dejado el amor, y al ver que el saldo está en rojo, todo su ser la empuja a derramar lágrimas de naturaleza incierta, no nos lo dice, pudieran ser de tristeza, no lo creo, diría más bien que de amargura.

Cuando leí el verso “en un bosque de agitación deliciosa” la luz amarilla del semáforo se encendió en mi cerebro, advirtiéndome, ¡Epa cuidado! ¡Warning! ¡Precaución! ¿Por qué tenía que ser precavido? ¡Ah! El clásico prejuicio de que cualquier referencia que se haga al encuentro de amantes nos susurra al oído de que se está hablando de hedonismo. Y mi pregunta es ¿el amor físico no es hedonista? ¿Qué perseguimos cuando nos unimos a nuestra pareja? ¿No es el placer, pero no como un fin en sí mismo, ni como gratificación sexual, sino como la más sublime expresión del amor que sentimos por nuestra compañera? Sin caer en radicalismos, creo en el hedonismo propugnado por la controvertida escritora francesa Valérie Tasso que dice que el hedonismo es una actitud ante la vida, que el placer debe buscarse donde éste se encuentre, no donde se busque. “en un bosque de agitación deliciosa”. Si le pedimos “linealidad” al lenguaje poético, nos encontraremos con muchas sorpresas, y no sólo sorpresas, perderíamos, muchas veces, el sentido del mensaje que se nos ha querido comunicar. Esto me pasó el querer aislar este verso del quinteto que conforma esta estrofa, pues debe leerse en conjunción con el siguiente, sin embargo, si en lugar de ver el verso como una frase, lo leemos como el complemento de una oración cuyos sujetos y verbos son sugeridos por las bellas imágenes que insinúa de manera magistral la metáfora empleada, podríamos establecer una comparación del sustantivo “agitación deliciosa”, con el toque del bongó que usa Harold Pinter en “El amante” para hacer alusión al acto sexual de la pareja. Con la entrada de las cuerdas, especialmente los violines, prosigue este primer movimiento de la sinfonía para presentarnos, en una atmósfera cargada de erotismo sublime, el encuentro de los amantes, luego aparecerán las violas y los cellos para imprimirle todo el sentimiento que alberga el alma de la amante en ese momento tan maravilloso que bordea los límites de lo inefable. El sustantivo bosque, intrínsecamente propone la idea de pluralidad, recordemos el decir “un sólo árbol no hace un bosque”. ¿Cuál es la pluralidad a que nos remite la imagen de este bosque? ¿Los encuentros? ¿Las caricias? ¿Los miembros anteriores y superiores de los cuerpos enlazados en un abrazo? “de agitación deliciosa” este sustantivo con su calificativo nos dan la respuesta, el bosque se refiere a los miembros superiores e inferiores de los cuerpos. Siempre me admira la forma como las listas de reproducción de mi WMP aparecen, pareciera como si la mano de un prestidigitador sacara de su chistera la melodía que de manera idónea se concatena con las ideas que afloran en mi intelecto; en estos momentos está reproduciendo “You're my everything” de Santa Esmeralda, y justamente los versos “when I kiss you're lips I feel the roaring thunder to my fingertips and all the while mi head is in spin” me hacen evocar cuando también me introduje en algún bosque de agitación deliciosa, sintiendo como el trueno rugía en la punta de mis dedos mientras mi cabeza daba vueltas al sentir las caricias y besos de mi pareja.


El tercer verso de este quinteto “cambalaches de besos” es una declaración fuerte, pienso que el sujeto lírico, nos quiere mostrar el mal sabor de boca que le dejaron los besos y las caricias prodigadas por su amante. Sí. En lugar de miel, es bilis lo que exuda por sus poros. Está asqueada al rememorar eventos que en lugar de recodarlos por lo hermoso que pudieron ser, más bien los evoca como algo grotesco. Fíjense en el sustantivo que emplea “cambalaches”, ¡Guau! Lo lamento, hablo español, no inglés, de lo contrario mi exclamación fuese entonces ¡Wow! A la verdad que hay palabras que suenan feo, huelen feo, y dan una idea de que su significado también es feo. Aunque, tengo en claro el significado de esta bien “retefea” palabra, como dirían mis amados hermanos mejicanos, busqué en la web definiciones de la misma y fíjense lo que encontré:


Cambalache ‘trueque!, 1537. Del anticuado cambalachar ‘trocar’, 1589, probablemente tomado del portugués, donde deriva del anticuado cambar por ‘cambiar’.


Cambiar, 1068. Del latín tardío cambiare ‘trocar’, de origen céltico.»


[Corominas, Joan: Breve diccionario etimológico de la lengua española. Madrid: Gredos, 31987, p. 122]


● «cambalache:  coloquial, despectivo. Trueque, frecuentemente malicioso:

Es un artista del regateo y el cambalache.


También usado en sentido figurado, para designar un acuerdo o negocio que tiene componentes censurables:


¡Se acabaron las componendas y los cambalaches en este ayuntamiento!»

[RAE: Diccionario del estudiante. Madrid: Santillana, 2005, p. 247]


● «almoneda | cambalache | intercambio | permuta


Cambalache es el trueque de objetos de bajo valor.


[Zainqui, José María: Diccionario razonado de sinónimos y contrarios. Barcelona: Editorial De Vecchi, 1997, p. 174]


● «ropavejero | cambalachero | chamarilero | chatarrero | prendero | trapero


El cambalachero se dedica al cambio o trueque de objetos de poco valor


[Zainqui, José María: Diccionario razonado de sinónimos y contrarios. Barcelona: Editorial De Vecchi, 1997, p. 641]


● cambalache. (De cambiar).

1. m. Trueque, considerado con desprecio, jactancia, satisfacción, pesar u otro movimiento del ánimo que se expresa por el tono y el contexto.


2. m. Trueque hecho con afán de ganancia.


3. m. Trueque de diversos objetos, valiosos o no. U. t. en sent. despect.


4. m. coloq. Trueque, con frecuencia malicioso, de objetos de poco valor.


5. m. Arg., Par. y Ur. prendería.



[DRAE]




Por supuesto que otro ¡GUAU!, y ahora en mayúsculas. Cuanto desprecio hay en el ánimo de esta mujer. Qué manera tan despectiva de referirse a esos momentos tan divinos. Aquí son los clarinetes y los trombones quienes emprenden un largo contrapunto de notas disonantes, llenando la atmósfera de un sentimiento de repulsión.


El verso subsiguiente tanto di, tanto pedí y al final, es un reclamo. Un reclamo al amor, a la vida, a ella misma. Recuerdo que en una oportunidad conversaba con un viejo amigo, el ”príncipe de los cínicos”, quien después de una sesión de diván donde le hablé de mis cuitas amorosas, me miró con un gesto muy característico en él, el de levantar la ceja izquierda, y con el tono más irónico del que era capaz, me preguntó “El amor, pero, ¿qué es el amor?” Parafraseando a Víctor Hugo le contesté –El amor es aquello que hace cobardes a los hombres y valientes a las mujeres. Continuando con mis conocimientos profundos acerca del amor, le dije, no se sabe quién haya escrito este pensamiento acerca del amor: "Amar es entregarse siempre, cada vez más y sin medida, es comprender la vida, es un poco fallecer mas es alegría y goce dulcísimo también, en una palabra AMAR es VIVIR". No notan como en cada frase del mismo se revela un aspecto del amor, y en conjunto se entiende la verdadera esencia del amor, la cual no es otra “AMAR es VIVIR”. Eso fue lo que ocurrió con esta mujer su entrega a su amado fue total. Tanto en el panteón griego como en el romano, la representación del amor es un niño, son muchos los que en tono de burla, por ignorancia supina, han pensado que eros o cupido son representados por un niño porque se quiere dar la idea de que es un niño travieso y con sus flechas lo que hace son jugarretas, en lugar de disparar sus flechas con la noción de que las personas escogidas son idóneas para el amor. A mi manera de ver, esta representación hace referencia a la inocencia, a la pureza del amor verdadero. “tanto di, tanto pedí y al final” es el reclamo de la autora, pero ¿a quién le hace este reclamo? ¿Al amor? ¿A la vida? Ella y sólo ella tiene la respuesta, aunque yo me aventuraría a suponer que es a ella misma a quien le está haciendo este reclamo. Sí. Infiero que deben haber sido muchas las expectativas con las que quiso construir el castillo de su amor, para al final encontrar la lección que la vida y el amor iban a darle. Son ahora las violas las que toman por asalto la melodía de la sinfonía, y con unas notas blancas como en un lento caminar, con unos registros muy altos nos dan la sensación de que el corazón de esta mujer está sangrando por una vieja herida.


El quinteto finaliza con el verso “descubrí que solo yo amé”. Cada acontecimiento en nuestra vida es un aprendizaje. Este verso no es más que una declaración de que la mujer ha tenido unas vivencias dolorosas, que su entrega al amor sólo le causó profundas heridas, que su búsqueda del amor resultó infructuosa, que ella fue la única en aportar sentimientos en su relación, que la melodía escrita para un dúo sólo fue interpretada por ella. Estamos ante la presencia de una coda en donde un oboe solista, acompañado por las cuerdas en pizzicato,repite el motivo principal de la sinfonía.


Pasamos ahora a la segunda estrofa compuesta de 4 versos.


Mi sexo húmedo de mar. Como dije anteriormente, el autor del poema juega con ventaja en la propuesta de su discurso, pero conmigo esa ventaja no cuenta. Quien saca provecho del As que sabiamente he sabido ocultar bajo mi manga, soy yo. Sí. Resulta que yo sé dónde nació la autora de este poema, por tanto puedo interpretar con mucha propiedad "mi sexo húmedo de mar". Aquellas personas que se tildan de conocerme bien, saben que no soy amigo de lisonjas, que además de la profesión de crítico de arte, la de subastador tampoco me agrada, bueno, confieso que la idea que tengo de un subastador es un estereotipo creado en mi intelecto luego de ver estos personajes en diferentes películas en las cuales se les ve halagar, enaltecer de manera exorbitante las bondades de los artículos que pondrán en la subasta. Por extensión, a mi persona se le puede aplicar el atributo de los procesadores de html WYSIWYG (What You See Is What You Get). Yo soy franco, lo que ves de mi persona, es lo que es. Por esta razón, la autora puede estar segura de que si al hacer mención de alguna de las figuras retóricas usadas por ella la califico de excelente, preciosa, magistral, etc., es porque lo estoy haciendo sin ninguna falsedad. Toda esta perorata argumentativa es porque me voy a referir a la magistral sinécdoque empleada por ella en este verso. Alguno dirá que estamos en presencia de una metáfora y no de una sinécdoque, yo les diré que ambas están presentes. Al escribir mi sexo, se cumple una condición de la sinécdoque “una parte es usada para representar el todo”. ¿Y qué vendría, entonces, a ser el todo? Su inocencia, sus anhelos, su pasión, sus ilusiones, su amor, su vida, ella misma. Mi sexo húmedo de mar hace alusión a las ilusiones, a la pasión recién descubierta luego de conocer a aquél quien es el objeto de sus íntimos anhelos. Este verso nos pareciera que pertenece al primer movimiento de la 7a sinfonía de Beethoven en el que al principio toda la orquesta invade los espacios y pareciera que somos invitados en una fiesta que se desarrolla de forma muy animada.


La cadencia de la sinfonía en estos momentos es muy vivaz, los cornos, el piano y los oboes cantan una bella y romántica melodía. Repleto de caracolas, ¡OH! Lengua española, cuánto te amo. Mira que usar la figura de unas caracolas para sugerir la idea de la alegría rezumante que se desborda por todo el ser de esta mujer. A pesar de que esta metonimia me emocionó por su belleza, sin embargo, confieso que en estos momentos, se me había trancado el serrucho. No soy muy ducho en rituales religiosos, de modo que no sabía a qué rito se refería la autora cuando de manera tácita nos relata que las caracolas con su canto estaban llevando a cabo una ceremonia ritual como preparación para el próximo encuentro con su amado. El primero de los rituales en ser descartado fue el de la religión hinduista que creen que el dios Vishnú sostiene una caracola con sus cuatro manos y que la sopla cuando asesina algún demonio, como signo de victoria. En Canarias las caracolas tienen dos usos, uno como instrumentos en fiestas populares, y el otro como alarma o como sistema para indicar inicio o fin del trabajo en el campo; pienso que este también debía de ser descartado. En Cantabria la caracola es usada como acompañamiento en la ejecución de la danza guerrera de la Baila de Ibio. Particularmente creo que como es usada la caracola en las en las islas del Pacífico y en regiones de Sudamérica, a manera de trompeta; para la señalización y el acompañamiento en danzas, es como no las quiso presentar la autora. Las caracolas cantaban un estribillo alegre como acompañamiento a la danza que muy pronto iban a ejecutar los amantes bailarines.


En todo el poema me encontré con dos versos que no quería comentar, el tercer verso del segundo cuarteto es uno de ellos. La reticencia a la interpretación de este verso se debía a la rabia y al miedo. Yo no tengo madera de héroe. No soy valiente. Rehuyo cualquier situación que ponga en peligro mi integridad. Por tanto, voy a solicitar de manera vehemente, que ustedes, intercedan ante la autora del poema, solicitándole clemencia y misericordia para mí. Tan seguro de que mañana saldrá el sol, imagino que la autora, después de leer este párrafo llamará a su compatriota residenciado en el Bronx para que contrate todos los sicarios que pueda para que me asesinen. “ofertado a un judas al”, si bien es cierto que el poeta al escribir, las palabras y las figuras retóricas se conjugan en una danza que de manera desaforada e impetuosa bullen en su intelecto. También son como un jardín de flores a cada cual más hermosa por su colorido, a cada cual desprendiendo la mejor de sus fragancias. “Ofertado”, este participio es como una nota discordante en todo el poema. Proviene del verbo ofertar. !No!. Que sentimientos encontrados me provocó este vocablo. !NO! !NO! !NO! Te odio lengua castellana. Me niego a que mi intelecto entienda el significado de este malvado vocablo. Ofertado, no imaginas cuanto te odio. ¡Ojalá no seas usado jamás en ningún escrito! Cuanta perversidad guardas en ti. Espero que la desafortunada elección de esta palabra tan ruin se debió a que su naturaleza tan maligna te haya jugado una mala pasada y se te haya presentado con un disfraz de buena, al igual que una lirio cobra, aunque creo, más bien que haya sido producto el dolor que afloró a tu herido corazón al recordar tan desagradables momentos. Te juro que estoy abrumado ante tanto dolor. Quisiera matarte ofertado. Ahora sí. “A lo hecho pecho”, o mejor “A poner el pecho por lo que voy hacer”. Si vieran mis manos, verían que tiemblan al pisar las teclas al escribir. Los compositores musicales, se valen de 3 recursos para crear interés a su composición, ellos son la disonancia, la resolución y el suspense. Si la cadencia de la melodía no se ve alterada por estos elementos, pudiera llevarnos al aburrimiento. Si, por ejemplo, al componer nuestra melodía lo hacemos con sólo acordes mayores, resultaría muy lineal, en cambio si usamos un acorde de séptima se le agrega mucha más fuerza y sonoridad, sobre todo en el intervalo de quinta o dominante. En nuestro verso creo que el uso del sustantivo judas como calificativo del pérfido amante fue una solución muy fácil, como una composición en tonos mayores, sin alteraciones en su cadencia, debido a que esta palabra ha adquirido una gran dimensión y se ha convertido en un icono del traidor. Perdón pido por este exabrupto, pero lo digo con toda la sinceridad que albergo en mi alma. Las cuerdas, especialmente los contrabajos, dominan la escena de este segmento del segundo movimiento de nuestra sinfonía.

El verso final de este cuarteto, retoma la belleza y sonoridad del poema. “que le di guardar un sueño”. Otra sinécdoque llena de colorido dramatismo. Nuestra heroína, no sólo le entregó su pasión al judas, sino que también le dio todo su capital, cuyos activos, valiosos de por sí, lo constituían sus ilusiones, sus sueños. ¡Ah ladrón! Ruega a Dios no te cruces en mi camino, mira que yo me he erigido como el paladín de los necesitados, y siempre tengo listos mi armadura, mi caballo y mi espada para vengar las heridas que personas tan siniestras como tú van infringiéndole a los desamparados como la autora de este poema. Son los metales los encargados de ofrecernos bellas notas parecidas a las canciones pastoriles.


La fe en la lengua española perdida en el tercer verso del cuarteto anterior, fue recobrada gracias al maravilloso símil “como Ariadna”. Yo diría que se merece el calificativo de maravilloso. Este es un poema que cuenta un suceso cataclísmico, si se me permite el término, creo haberlo leído en alguna reseña del Canto General de Neruda. El sujeto lírico de este poema con singular dramatismo nos habla de un episodio traumático ocurrido en su vida al recordar con amargura las vivencias de la traición sufrida por la actuación de un canalla a quien le entregó su pasión, sus sueños, sus ilusiones. Con contadas excepciones, cada verso destila tristeza y amargura. Como dije no todo es tristeza y amargura en este poema. Como si fuera la marquesina de un viejo cine ¿Cinema Paradiso?, que con sus luces de neón y en letras oscuras ofrece la proyección de una película que lleva por título “Como Ariadna”, es entonces, cuando me veo materializado en el cuerpo de Salvatore adulto, quien recoge el carrete que Alfredo había preparado para él y al proyectarlo en la vieja pantalla del cine observa una escena donde una bellísima mujer, quien debe ser Ariadna, yace en una playa, cuyas ropas mojadas no son más que una túnica azul celeste ribeteada de oro, que transparentada por la humedad insinúan la turgencia de unos bellos senos. A lo lejos se divisa una embarcación de las que él mismo usó al rodar alguna película alusiva a la Grecia antigua, se trataba de un tirrene, el cual atraca en un malecón de la pequeña isla. Del mismo se baja un hombre joven con el porte de un príncipe, se dirige donde yace la mujer, la llama por el nombre de Ariadna. Ésta se despierta y pronuncia el nombre del joven, ¡Dionisio!. La película continúa hasta terminar con la boda de Ariadna con Dionisio. De vuelta a la realidad, siento que a mi mente en raudo caminar, se agolpan una serie de oraciones y frases que poco a poco se van ordenando, de manera febril mis dedos se apoderan del teclado para escribir que este símil es un llamado a la esperanza. A pesar del abandono que experimenta porque su amado Teseo, a quien no le importó que ella le había dado el ovillo que estaba hilando, ni la espada mágica que le dio para derrotar al Minotauro y poder salir del laberinto, la abandonó en la isla de Naxos, en su subconsciente dormita la esperanza de que algún día vendrá Dionisio que desembarcando de su tirrene, vendrá a rescatarla. Unas trompas junto con los trombones cantan un motivo con un aire parecido al del cuarto movimiento de la novena sinfonía de Beethoven.


Te endiosé en mis versos. Te di un ovillo. Te puse en un pedestal. Te vi parecido al sol. Imagino a nuestra bella Ariadna entonando conmovida la canción escrita por el cubano César Portillo de la Luz, “No hay bella melodía en que no surjas tú, ni yo quiero escucharla si no la escuchas tú”. ¡Ah ceguera la de los cobardes! El fuego del infierno sería poco castigo para la pena que te mereces. Una viola solista, desarrollando una serie de movimientos de suave cadencia, le confiere a la escena un clima de decepción, de frustración.


Te canté en mis poemas. Cuantas noches con sus días debieron haber sido ofrecidos a Venus por ese amor. Cuantas veces habría de ser invocada Érato para que inspirara los más bellos cánticos en honor al gusarapo. Continúa la viola con sus acordes grises


Trozos de alma virgen. Todo este cuarteto ha sido impregnado por la decepción, la frustración de un alma que lo entregó todo para recibir a cambio el frío acero de la puñalada “trapera” que le desgarró el corazón. Sólo espero que pronto Némesis se te presente en el cuerpo de otra de tus víctimas y ejecute su justicia. La sonoridad de nuestra sinfonía es el producto de toda la orquesta que en cadenciosos y raudos movimientos nos advierten que muy pronto terminará este movimiento.

Estrofas de dos versos son poco comunes en la poesía, recuerdo muy pocas, tal vez el que mejor recuerdo es el "Poema de la culpa" de José Ángel Buesa. Aquí necesito la ayuda de algún especialista en pragmática o en métrica, pues no tengo el término para categorizar esta estrofa, aunque la forma y la estructura es lo que menos me ha preocupado durante esta lectura. Sé que ustedes serán los que esta vez prenunciarán el ¡Guau! Aunque yo preferiría el zulianismo ¡Vergación! “SOLO FÚTILES PALABRAS QUEDAN” ¡Vergación! ¡Vergación! ¡Epa gusarapo! Como me encantaría que leyeras esta sentencia y que vieras que fue lo que tu traición provocó en aquella que te endiosó en sus versos y te cantó en sus poemas. Por si no entiendes el significado de fútil es algo así como que vale menos que nada. Sólo palabras que pesan menos que el tamo, es lo que queda de su núbil pasión. Variación del tema desarrollado en el movimiento anterior, pero ahora con mucho menos brío por los violines y contrabajos.


Ya les había comentado que en el poema, me había encontrado con dos versos a los que no quería comentar. El primer trago amargo ya pasó. Este verso, se me antoja como que está fuera del plano general de todo el discurso. Como una piedra en el zapato comenzó a molestarme desde la primera vez que tuve contacto con el poema. de aquel amor fortuito; la ensoñación, la fantasía, la pasión y las ilusiones que le provocaron el amor intenso que sintió por su amado, se transformaron en tristeza, rabia, amargura, en nada. Pero, por qué llamar a ese amor, fortuito, tuve que revisar varias herramientas de la lengua española como diccionarios, léxicos entre otras, para lograr entender el porqué de semejante calificativo. En un artículo de una página web encontré la siguiente exposición acerca del vocablo fortuito: “Se dice que una cosa ha sucedido de modo fortuito cuando no podía esperarse; cuando este caso, este acontecimiento no estaba dentro del círculo de lo verosímil. Un pedrisco que destruye un sembrado, una huerta, un jardín, es un caso fortuito; porque es una cosa que no se espera. El incendio de una casa por un rayo, es otro caso fortuito, por la misma razón.” Ahora sí. Todo estaba claro. Ella nunca esperó, primero, enamorarse de la forma como lo hizo, tampoco el abandono y la traición. Pobre de mi niña, cuánto debiste haber sufrido. En este último segmento del quinto movimiento de nuestra sinfonía está maracado por un adagio lamentoso, con aires del finalle de la Sinfonía Patética de Tchaikovsky.


La autora, no quiere extenderse mucho al contarnos su tragedia. Su discurso está llegando a su final. Esta última estrofa compuesta de cinco versos sencillos pero cargados de un lirismo desgarrador.


Iniciaremos el viaje. El boleto, pagado a tan alto precio, en la lotería del amor, no salió premiado. No queda otra cosa que hacer las maletas y abordar el autobús de la esperanza. Si hay algo que le agradezco a la vida es por los sentimientos de empatía con que fui dotado al nacer, y esta oración en futuro, despertaron en mí el deseo de trasladarme en el acto hasta la terminal en que nuestra heroína, con sus ojos inundados por el llanto ocasionado por los tristes recuerdos, espera abordar un autobús que aún no sabe adonde la llevará, y blandir la gloriosa espada que le pedí a prestada a Mario Benedetti que fue bautizada con el nombre de “Hagamos un trato”, y decirle a mi niña, “compañera usted sabe que puede contar conmigo”.


El camino del olvido. Cuantas veces he recorrido ese camino, y puedo decir que es feo, horrible, tenebroso; paisajes desolados, cuestas empinadas, a cada lado de la vía se ven esqueletos, personas que rendidas por el sufrimiento no quieren continuar, ni una flor, ni el canto de un pájaro, nada, sólo se oyen los gritos lastimeros de las almas cual penitentes caminan hacia un destino incierto. A pesar de que en cada pulgada que recorremos hay personas que caminan delante de nosotros, la soledad y el vacío son las únicas sensaciones que experimentamos. Un cielo gris y encapotado ejerciendo presión sobre nuestros hombros hace que sintamos que nos hundimos en el cieno y el limo que poco a poco ha ido invadiendo el sendero. Por experiencia vivida, sé lo que te espera al final del mismo. Es posible que algún compañero de penas, te ofrezca estar a tu lado para continuar. También es posible que antes de llegar a la encrucijada con la que te encontrarás y en la que tendrás que escoger cuál vía tomar, esté ese ángel que te tomará y te sacará de ese horrible lugar.


Yo con dolor veré que. Un clímax digno de este poema. Imagino a uno de los mejores jugadores de béisbol de todos los tiempos, quien ha ganado todos los títulos individuales que jugador alguno haya podido ganar, pero que en su alma se bate el deseo de ganar algún día un campeonato. Está en su última temporada, ya su cuerpo no dará para más. Su equipo logró llegar a la serie final. Luego de perder el último juego, al terminar de recoger sus pertenencias, sube a las tribunas y evoca su último turno al bate, el juego lo gana el equipo contrario por la mínima diferencia, hay un corredor en primera, el pitcher hace su lanzamiento, su bate hace contacto con la pelota, siente que saldrá del parque, con emoción inicia su carrera por las bases, de pronto el center field en un grandioso esfuerzo, se apoya en los tubos que sirven de contención en los bleachers con la mano libre y con la enguantada atrapa la bola que ya había sido cantada ¡HOME RUN! por el narrador. Los fanáticos del equipo vencedor invaden el campo para felicitar al héroe, y lo levantan en hombros hasta llevarlo al dugout. Mientras tanto, nuestro veterano jugador ha volteado hasta el palco donde su familia veía el juego, y ve como su nieto ha irrumpido en un llanto estremecedor. No sé cuánto dolor habrás de experimentar. Pero si te digo que no sólo mis hombros están dispuestos, todo yo, lo estoy.


Nunca fuiste mío. Tarde para descubrir esa verdad, debiste de haberlo sentido en sus caricias, en sus besos, en sus palabras, en su mirada, en sus gestos. El olor a traición es algo que estos seres no pueden ocultar. No lo digo a modo de recriminación, ni compasión. Lo digo para animarte. Y si aparece otro canalla de su misma ralea, las cicatrices dejadas por las heridas que te propinó el malvado, te servirán de acicate para afrontar cualquier situación por muy inquietante que se presente. Durante estos cuatro segmentos de este último movimiento de nuestra sinfonía la totalidad de los instrumentos han estado repitiendo con algunas variaciones el motivo del primer movimiento para hacernos recordar el canto de tristeza de la doncella que llora la traición de su amado.


Y al final diré que yo amé sola. No hay lágrimas, ya se secaron sus fuentes. No hay recriminación, para qué. Sólo el reconocimiento que tú fuiste la única que bailó la grotesca danza. Que tu partner solo actuó como el personaje central de "El Burlador de Sevilla y el Convidado de Piedra". Ojalá que tenga el mismo final que le aconteció a Don Juan Tenorio en dicha obra. El clímax que nos tenía preparado nuestro compositor es sencillo, unas cuerdas en una corta cadencia con notas descendentes en tonalidad de La bemol menor entintan de gris la escena, culminando con una especie de fanfarria interpretada por los metales, las maderas y los timbales.


Aunque soy de naturaleza sensible, y cualquier situación dramática, abre los grifos de los tanques de mis glándulas lloriqueras, perdón lacrimosas, o es lagrimales. Whatever, perdón, pero me gusta como suena, reconozco que esta lectura no me dejó triste, ni con mal sabor de boca. Este poema es escrito para cualquiera que acepte el reto de leerlo. Es conmovedora la forma como su autora nos describe sus vivencias de su “amor fortuito”. Sin detenerme en disquisiciones estilísticas y estéticas, puedo asegurar que este poema debe de ser de lectura obligada por cada mujer, independientemente, si haya sido o no traicionada por algún vil varón, los cuales deberían de ser enviados sin boleto de regreso a alguna región donde las Erinias los atormenten cada segundo de sus miserables vidas, y que les muestren a sus víctimas ya rehechas de sus heridas, con sus rostros llenos de felicidad al lado sus dionisios. De igual forma pienso que hay un vestigio de esperanza en donde la heroína del poema se compara con Ariadna. También debería de ser leído por cada hombre para que tomen conciencia de lo ruines que podemos ser algunos de nuestros congéneres. 


©José Rodríguez

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